Eros es el deseo de lo eterno, escondido en lo más humano. No es un enemigo del alma, sino un eco de Dios en el cuerpo. Juan Pablo II enseñó que en lo profundo de cada deseo —por amor, por unidad, por belleza— arde la nostalgia de una comunión más grande, la que sólo Dios puede saciar.
Eros no es algo que debemos apagar, sino orientar.
Con ese objetivo nace esta comunidad virtual: para compartir, a través de la teología del cuerpo, recursos concretos que nos ayuden a sanar nuestras heridas, orientar nuestros anhelos y amar mejor.